
La película arranca con la toma de posesión de Nelson Mandela tras las elecciones libres de 1994 y se centra en la relación que se estableció entre el Presidente Mandela (Morgan Freeman) y François Pienaar (Matt Damon) capitán de la selección de rugby sudafricana (Springboks) durante la celebración de la Copa del Mundo de Rugby en este país en 1995. Desde el primer momento es palpable la tensión existente entre negros y blancos tras años y años de Apartheid.
Mandela, a pesar de su larga estancia en la prisión de Robben Island, no guarda ningún rencor a sus captores y sueña con la reconciliación de su país. Predicando con el ejemplo, apuesta por integrar en su equipo de seguridad a negros y blancos por igual. Esta decisión desconcertará a unos y otros que se verán obligados a convivir.
El nuevo presidente ve en la celebración en su país de la Copa del Mundo una oportunidad de mostrar al exterior los avances de la nueva Sudáfrica. No dudará en apoyar a los Springboks, tradicional símbolo de los afrikáners y odiado por los negros, con la idea de transformarlo en el nuevo símbolo del país. Para ello, se reúne con el capitán de rugby proponiéndole que bajo el lema <<un equipo, un país>>, lo visite. En este viaje los jugadores descubrirán las raíces de su joven nación.
El espectador vivirá los primeros pasos de la reconciliación de un país a través de la figura de un gran líder, magistralmente interpretado por Morgan Freeman, quien solamente apoyado por una dentadura, que le iguala los dientes y maquillaje para hundirle los ojos, consigue transformarse completamente en el personaje. La actuación de Damon está a la altura de la de Freeman, a pesar que se dudaba si resultaría creíble interpretando al grandullón de François de 1,91 de estatura y 105 kilos de peso.
Autor: César Marí
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