
Rabia es el tercer proyecto cinematográfico del director ecuatoriano Sebastián Cordero, autor del guión basado en la novela “Rabia” del argentino Sergio Bizzio.
Esta cinta triunfó en el pasado Festival de Cine Español de Málaga donde obtuvo la Biznaga de oro a la mejor película y Biznaga de plata a la mejor fotografía para Enrique Chediak, Biznaga de plata al mejor actor de reparto para Àlex Brendemühl y una Mención Especial para el actor mexicano Gustavo Sánchez Parra.
José María (Gustavo Sánchez Parra) y Rosa (Martina García) son una pareja de inmigrantes latinoamericanos en España. Él trabaja en la construcción y ella para una familia de rancio abolengo, venida a menos, en su viejo palacete. Ellos se conocen desde hace poco tiempo pero tienes planes de futuro. Todo se desencadena cuando José María tiene un altercado en el trabajo y acaba matando al capataz de la obra. Para escapar de la policía decide esconderse en la casa donde trabaja Rosa sin decirle nada.
Pronto este personaje descubrirá a los demás habitantes de la casa, espacio que se convertirá en un protagonista más de la película. El padre (Xabier Elorriaga) y la madre (Concha Velasco) son un matrimonio que envejece con acidez, sin ilusiones. Ella ha dejado el alcohol, en realidad utiliza las infusiones como tapadera pues entre ellos todo son verdades a medias. La hija (Icíar Bollaín) está iniciando un proceso de separación y el hijo (Àlex Brendemühl) es un crápula egoísta entregado a sus pasiones y sin solución, que busca el dinero del padre a pesar del desprecio mutuo.
Con estos elementos el director ha cocinado la película a fuego lento, donde cada detalle explica algo, donde pervive la desazón del que es consciente que no tiene escapatoria.
Es interesante el juego de la cámara que va lentamente circulando por la casa mostrándonos mil y un detalles que no se le escaparan al espectador. Una brillante crítica de la sociedad occidental donde todo es apariencia.
Esta cinta triunfó en el pasado Festival de Cine Español de Málaga donde obtuvo la Biznaga de oro a la mejor película y Biznaga de plata a la mejor fotografía para Enrique Chediak, Biznaga de plata al mejor actor de reparto para Àlex Brendemühl y una Mención Especial para el actor mexicano Gustavo Sánchez Parra.
José María (Gustavo Sánchez Parra) y Rosa (Martina García) son una pareja de inmigrantes latinoamericanos en España. Él trabaja en la construcción y ella para una familia de rancio abolengo, venida a menos, en su viejo palacete. Ellos se conocen desde hace poco tiempo pero tienes planes de futuro. Todo se desencadena cuando José María tiene un altercado en el trabajo y acaba matando al capataz de la obra. Para escapar de la policía decide esconderse en la casa donde trabaja Rosa sin decirle nada.
Pronto este personaje descubrirá a los demás habitantes de la casa, espacio que se convertirá en un protagonista más de la película. El padre (Xabier Elorriaga) y la madre (Concha Velasco) son un matrimonio que envejece con acidez, sin ilusiones. Ella ha dejado el alcohol, en realidad utiliza las infusiones como tapadera pues entre ellos todo son verdades a medias. La hija (Icíar Bollaín) está iniciando un proceso de separación y el hijo (Àlex Brendemühl) es un crápula egoísta entregado a sus pasiones y sin solución, que busca el dinero del padre a pesar del desprecio mutuo.
Con estos elementos el director ha cocinado la película a fuego lento, donde cada detalle explica algo, donde pervive la desazón del que es consciente que no tiene escapatoria.
Es interesante el juego de la cámara que va lentamente circulando por la casa mostrándonos mil y un detalles que no se le escaparan al espectador. Una brillante crítica de la sociedad occidental donde todo es apariencia.
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