LA ETERNA JUVENTUD DE TEENAGE FANCLUB
La del pasado martes fue una noche nostálgica en Granada; fue una noche de recuerdos, de ésos que te trasladan a los 90, la época en la que servidor empezó a aficionarse a la música, la época en la que estalló el grunge y en la que despuntó a un grupo cuyo primer disco hizo que se les metiera en ese saco; pronto, Teenage Fanclub demostraron que su liga era otra, la de los artesanos de la melodía, la de The Byrds, Beach Boys o Big Star; la de las guitarras cristalinas y los estribillos inapelables; y de ésos, hubo muchos en esta noche nostálgica; porque uno recuerda escuchando sus canciones, por qué son una de las bandas más queridas y respetadas, por qué son influencia para tantos y tantos grupos que nos gustan; por qué junto con Yo La Tengo, Belle & Sebastian, Pavement, The Posies, Sonic Youth, Built to Spill o Dinosaur Jr. Forman parte de una serie de bandas que si no hubieran existido habría que haberlas inventado; sin ellas, la historia de la música independiente actual no sería lo mismo.
Con disco nuevo bajo el brazo, ese “Shadows” que los ha devuelto en plena forma, los escoceses, con la eterna sonrisa de Norman Blake a la cabeza, despacharon hora y media larga de hits sin respiro, uno tras otro, apenas intercalando graciosos comentarios, siempre honestos y sencillos, ganadores apenas sin proponérselo.
Sería “Songs from Northern Britain” el disco que se llevaría la palma, representado por las eternas “Start again”, “Can’t feel my soul” (una debilidad personal) o “I don’t want control of you”, pero también hubo lugar para “Grand Prix”, ese perfecto muestrario de pop soleado, que tuvo su espacio con “About you”, la sublime “Sparky’s Dream” o “Don’t look back”; son sus dos discos más celebrados, por mucho que su discografía no entienda de tropiezos. El reciente y reluciente “Shadows” brilló con luz propia en sus dos mejores momentos, el single “Baby Lee” y mi favorita, “Sometimes I don’t need to believe in anything”. Nosotros si necesitamos creer en el poder de la música, ésa que nos hace superar malas rachas, momentos tristes en los que parece que no merece la pena seguir o que la luz no volverá a aparecer; por eso y por muchos más motivos, bandas como Teenage Fanclub son necesarias, porque muy pocos como ellos pueden conseguir que todo el mundo salga con una sonrisa tras verlos, porque consiguen traerme recuerdos a tiempos quizás mejores, a los que puedo mirar con orgullo por haberlos vivido y disfrutado con tan lujosa banda sonora.
Estos cinco tipos con aspecto de no haber roto un plato han puesto sonido a algunos de mis mejores recuerdos y por eso, verlos es un privilegio, es reencontrarse con la mejor versión posible de uno mismo, es volver a creer en la vida y, por supuesto, en la música. Por favor, que nunca nos abandonen.
Fotografía: Jose Megía

Con disco nuevo bajo el brazo, ese “Shadows” que los ha devuelto en plena forma, los escoceses, con la eterna sonrisa de Norman Blake a la cabeza, despacharon hora y media larga de hits sin respiro, uno tras otro, apenas intercalando graciosos comentarios, siempre honestos y sencillos, ganadores apenas sin proponérselo.
Sería “Songs from Northern Britain” el disco que se llevaría la palma, representado por las eternas “Start again”, “Can’t feel my soul” (una debilidad personal) o “I don’t want control of you”, pero también hubo lugar para “Grand Prix”, ese perfecto muestrario de pop soleado, que tuvo su espacio con “About you”, la sublime “Sparky’s Dream” o “Don’t look back”; son sus dos discos más celebrados, por mucho que su discografía no entienda de tropiezos. El reciente y reluciente “Shadows” brilló con luz propia en sus dos mejores momentos, el single “Baby Lee” y mi favorita, “Sometimes I don’t need to believe in anything”. Nosotros si necesitamos creer en el poder de la música, ésa que nos hace superar malas rachas, momentos tristes en los que parece que no merece la pena seguir o que la luz no volverá a aparecer; por eso y por muchos más motivos, bandas como Teenage Fanclub son necesarias, porque muy pocos como ellos pueden conseguir que todo el mundo salga con una sonrisa tras verlos, porque consiguen traerme recuerdos a tiempos quizás mejores, a los que puedo mirar con orgullo por haberlos vivido y disfrutado con tan lujosa banda sonora.

Estos cinco tipos con aspecto de no haber roto un plato han puesto sonido a algunos de mis mejores recuerdos y por eso, verlos es un privilegio, es reencontrarse con la mejor versión posible de uno mismo, es volver a creer en la vida y, por supuesto, en la música. Por favor, que nunca nos abandonen.
Fotografía: Jose Megía











