LOCURA EUSKAL - FOLK
Nunca habíamos visto la sala valenciana Wah Wah tan pletórica. Desde horas tempranas de la noche, se iban poblando los alrededores de la sala a la espera de la actuación de Crystal Fighters.
Minutos antes de que los londinenses saltaran a las tablas, se mascaba el nerviosismo y la expectación en las caras de un público que rondaba como media los veinte. Con algo de retraso, un descamisado Graham seguido de Gilbert, Laure y finalmente Sebastian tomaban el escenario y sonaban los primeros compases de “Solar Sistem”, que hizo estremecer los cimientos de la sala valenciana.

El grupo no necesitó mucho esfuerzo para levantar a un público que se entregó en cuerpo y alma desde el principio y que no paró de saltar, cantar y bailar durante toda la actuación, cosa que nos sorprendió ya que el público valenciano no se caracteriza por ser tan comunicativo ni entregado, sino por todo lo contrario. Tras ella llegaría una excesivamente tempranera “Follow” con más de una pega, ya que Laure era eclipsada por el exceso de volumen de las bases y Sebastian digamos que no encontraba el tono de las canciones precisamente. La locura llegó, claro está, cuando las bases de “I Love London” resonaron por toda la sala y la removió como un tornado, sin dejar a nadie en su sitio. Pura fuerza y descontrol.

El abuelo de Laure, y responsable del sonido tan característico de la banda, estaría orgulloso de ella al ver cómo usan para dar matices a sus canciones instrumentos como la Txalaparta o el Txistu, típicos del País Vasco de donde era originario, además de que Sebastian se soltó un “Eskerrik Asco” al final de su actuación para dar las gracias al público.


Sólo al final de la actuación en “In The Summer” pudimos percibir mejor la voz de Laure (esa técnico de sonido sorda que trajeron que no venga más), lástima que nos la perdiéramos en el resto porque es pequeñita pero matona. Tras tocar todos y cada uno de los temas incluídos en su LP “Star of Love” abandonaron el escenario entre vítores del público, que se lo pasó como nunca.
Fotografía: Quique Insa











